Luna, la conejita que aprendio a sanar
by Maria Leime



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By Maria Leime
Luna la conejita estaba muy feliz saltando en el bosque con sus amigos, Pepe el puercoespín y Tobi la tortuga. "¡Atrápame si puedes!", gritó Luna mientras corría muy rápido entre los árboles. Pero de repente, tropezó con una raíz grande y cayó al suelo. "¡Ay, mi patita!", lloró Luna, sintiendo mucho dolor.

Mamá Nube llegó corriendo para abrazar a Luna y la llevó rápidamente al hospital del bosque. Allí las recibió Karina, una zorrita enfermera muy amable con su uniforme limpio. "No te preocupes, Luna, aquí te cuidaremos muy bien", dijo Karina con una sonrisa dulce para calmarla.

El Doctor Carlos, un perro Golden grande y simpático con bata blanca y lentes, revisó la patita de Luna con cuidado. "Tienes una pequeña lesión, pero sanará", explicó con voz tranquila. El doctor le puso una férula especial para proteger su patita mientras se curaba.

Pasaron algunos meses y Luna fue muy valiente esperando en casa con su férula. Cuando llegó el día de quitarla, la patita de Luna se veía bien, pero se sentía débil. "Ahora necesitas visitar a Clara para fortalecer tu pierna y volver a saltar", le dijo el Doctor Carlos.

Luna conoció a Clara, una gatita calicó muy alegre que era su fisioterapeuta. Clara le pidió que moviera la patita, pero a Luna le dolió un poquito al intentarlo. "¡No quiero, me duele!", dijo Luna triste, escondiéndose detrás de Mamá Nube porque tenía miedo.

Clara le habló con mucho cariño: "Haremos ejercicios suaves, será como un juego". En ese momento, Pepe y Tobi llegaron para animarla desde la puerta. "¡Tú puedes, Luna!", gritó Tobi agitando su gorra roja. Al ver a sus amigos, Luna se llenó de valor.

Día tras día, Luna practicó sus ejercicios con la ayuda de Clara y Mamá Nube. A veces se cansaba, pero recordaba lo mucho que quería jugar y seguía adelante. Poco a poco, su patita se puso fuerte y el dolor desapareció por completo.

¡Finalmente, Luna estaba lista para volver al bosque! Corrió feliz a jugar con Pepe y Tobi, saltando más alto que nunca. Luna aprendió que, con paciencia, esfuerzo y buenos amigos, ¡cualquier herida puede sanar!



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